Se precipitan en frenética carrera las gotas de lluvia resbalando por el cristal de las ventanas. Es un intento absurdo y suicida de llegar a una meta banal.La silueta difusa de una mujer semidormida se dibuja sobre el sofá, mientras en la tele un coro desafinado de niños jugando a ser famosos son a la par su canción de cuna y la banda sonora de la última escena del día agonizante.
Apenas me quedan hoy fuerzas para nada, y aquí fuera, viendo la tormenta, soy un poco gota suicida, un poco sueño ligero, un poco música de fondo, y el último actor de esta escena de día agonizante.
